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Ese larguísimo viaje (I): Odiseo da un rodeo

El famoso héroe Odiseo (Ulises pa’ los coleguis) lleva diez años dando vueltas. Salió de Troya, después de lo del caballo de madera, rumbo a su casa, Ítaca, donde lo esperaban su esposa Penélope y su churumbel, Telémaco, y desde entonces no ha parado de dar vueltas.

  • ¿Diez años dando vueltas? Pues sí que le han tenido que pasar cosas…

La verdad es que sí, unas cuantas. Al principio salió, con sus compañeros itacens… itaquin… itaceñ… de Ítaca, y llegaron al país de los cicones. Se vinieron un poco arriba los compañeros de Odiseo y se pusieron a saquear un pelín aquellas tierras (entre otras cosas, se llevaron vino, que se decía que el de aquellas tierras era el mejor). Los cicones son un pueblo quisquilloso y aquello no les hizo demasiada gracia, así que mataron a unos pocos de aquellos itacenses que les estaban robando.

  • Un poco se lo habían buscado… ¿Qué pasó entonces?

Salieron de allí como alma que lleva Eolo (el dios del viento). Después llegaron a la tierra de los lotófagos. Los lotófagos eran un pueblo que comía loto. El loto tenía unas propiedades muy peculiares: te hacía olvidar todo lo que estabas preparando hacer y te dejaba un pelín desubicado. Los lotófagos le ofrecieron a algunos de los itaquinos un poquito de su planta mágica y ellos se olvidan de que iban a Ítaca. Tanto es así, que Odiseo tuvo que cogerlos a la fuerza y atarlos de vuelta al barco para poder salir de allí.

  • Ya me decía mi madre que no aceptase plantas alucinógenas de desconocidos.

Las madres son sabias. Seguro que también te advirtieron de que no debías tratar con los cíclopes.

  • ¿Cíclopes? ¿Quiénes son esos? ¿Son majos?

Pues no, no son muy majos. Son unos gigantes que tienen un sólo ojo bien grandote en tó el centro de la cara. Eso, por supuesto, les causa problemas a la hora de percibir la profundidad y se llevan muchos golpes innecesarios. A los cíclopes no les gusta llevarse golpes, así que esta circunstancia les agria un poquitito el carácter y además los vuelve un poco tontos tanto coscorrón.

Cuando llegaron a la tierra de los cíclopes, no tuvieron los itaceños mejor idea que entrar en la cueva de Polifemo (hijo de Poseidón, dios del mar) y comerse todo su queso (porque era pastor y hacía queso). Cuando Polifemo volvió con sus ovejitas y vio el percal, cerró la entrada con una piedra gordota y empezó a comerse a los intrusos. Odiseo tuvo la idea de calmar al cíclope, charlarle y emborracharlo un poquito con el vino que le habían robado a los cicones de antes. Entre otras cosas le dijo que se llamaba Nadie (porque no le gustaba revelar su identidad, era de los que no se pone su nombre en feisbus –si hubiese tenido feisbus-).

Una vez que el cíclope estuvo durmiendo la mona, cogieron un palo grande que había por allí, le sacaron punta y se lo clavaron al cíclope en el ojo. Polifemo se enfadó un poco y abrió la entrada para salir con sus ovejitas a pedir ayuda a sus hermanos cíclopes que rondaban cerca. Odiseo y sus compañeros se escondieron agarrados a la tripa de las ovejas para que Polifemo no los notase y así salir de la cueva. Una vez fuera, Polifemo se puso a gritar: “Nadie me ha dejado ciego”. Sus hermanos pensaron que era un poco tonto.

  • Qué ingenioso Odiseo y qué historia tan divertida. ¿Qué pasó después?

Que Poseidón averiguó que le habían hecho pupa a su hijo y dijo: “Pues ahora a Ítaca no llegáis, como que me llamo Poseidón”. Así pues, sufrieron tempestades que los mandaron a tomar viento alejaron de su destino. Llegaron entonces a la isla de Eolo (¿veis como los habían mandado a tomar viento? Je, je, je), que era muy simpático e intentó ayudarlos. Le dio a Odiseo un odre (como un saco impermeable) donde había guardado todos los vientos que podían desviarlos de su rumbo.

Pero resulta que los compañeros de Odiseo, que ya hemos visto que no es que fuesen muy listos, pensaron que dentro había joyas. Así que cuando Odiseo se durmió, estando ya a puntito de llegar a Ítaca, abrieron el odre y salieron todos los vientos, que volvieron a mandarlos a tomar por idem.

  • Ay, que ver, qué inútiles los compañeros de Odiseo… ¿a dónde llegaron entonces?

Pues llegaron al país de los lestrigones. Los lestrigones eran unos gigantes muy majos que sólo tenían un defecto: les gustaba comerse a personas. Estos lestrigones se comieron a otros pocos de los itacanos y los que quedaban salieron de allí corriendo.

  • Yo también habría huido, porque no me gusta que me coman. ¿Les pasó algo interesante después?

Muy interesante. Llegaron a la isla de Circe, una bruja que los recibió muy amablemente y les enseñó su zoo. Circe tenía una costumbre muy divertida, convertir en animalitos a todos sus visitantes, y eso hizo con los compañeros de Odiseo. Entonces, Odiseo le dijo que eso no estaba bien y le puso ojitos para que los convirtiese en personas y le enseñara algún truco para llegar a Ítaca de una maldita vez. Circe, que había visto que Odiseo era guapo a rabiar, fue convencida y le devolvió a sus compis y le dijo que tendría que pasar a ver a Tiresias.

Tiresias era un adivino muy bueno, que le iba a decir a Odiseo el rumbo que tenía que tomar para llegar a su casa. Lo que pasa es que estaba un poco muerto. Así que, Odiseo, para verlo, tendría que viajar al mundo de los muertos.

  •   Jo, pues anda que no le va a costar conseguir la información. Sería más fácil que llevara un mapa o algo.

Pues sí, pero entonces no había mapas ni ná. Por lo tanto, Odiseo fue al Hades (mundo de los muertos), donde se encontró con un montón de gente que él no sabía que andaban por allí: su madre, Aquiles (que le dijo que prefería ser el último mono vivo que el más ilustre muerto) y otros personajes varios. Finalmente Tiresias le dijo que iba a llegar a Ítaca, pero que iba a tardar un poco bastante mucho.

  • ¿Emprendió el camino de vuelta entonces?

Sí, lo hizo. Pero por el camino se encontró con las sirenas (que tenían el cuerpo de pájaro, NO DE PEZ, y la cabeza de mujer), seres que cantaban muy bien pero hacían que los barcos se estrellaran. Odiseo era curioso y quería escuchar esas voces, pero tampoco le apetecía mucho estrellarse. Se le ocurrió entonces a Odiseo una ingeniosa solución: taparle los oídos con cera a sus compañeros para que no estrellasen el barco y atarse él al mástil para poder oír a las sirenas tranquilamente.

Así lo hicieron y salieron bien parados de su encuentro con tan siniestros seres.

  • ¿Y llegaron ya a Ítaca o tuvieron más dificultades?

Por supuesto que tuvieron más dificultades. Pasaron por un estrecho lugar donde habitaban dos monstruos: Escila y Caribdis. La primera era un bicho mu feo mu feo con seis cabezas que se comía a seis de los navegantes de cada barco que pasaba por allí. La segunda era un remolino que se tragaba todo el barco. Odiseo decidió sacrificar a seis de sus compañeros itaqueñenses (que en realidad eran bastante inútiles y no les tenía mucho aprecio) antes que ser tragados por Caribdis, y así salieron de allí.

  • Buena elección, aunque yo preferiría no ser uno de los seis que se comió Escila. ¿A dónde llegaron?

Pues llegaron a la isla de Helios (dios del sol), que tenía muchas vacas. Les advirtió de que esas vacas eran sagradas y suyas, que no se las comiesen. Pero cuando Odiseo dormía, los compañeros, que tenían ganas de encolerizar a alguien, se comieron unas pocas de vacas. Así que cuando salieron de allí en barco, la ira divina hizo que el barco se hundiese y muriesen todos, menos Odiseo.

  • Se lo llevaban buscando desde el principio. ¿Y qué fue del ingenioso aunque no muy diestro en la orientación Odiseo?

Odiseo llegó a la isla de Calipso, una ninfa muy guapa que lo acogió (y lo que surja) durante siete años. Tanto que los dioses tuvieron que intervenir para decirle a Calipso que cómo iba viendo lo de dejarlo que volviese a casa.

Así Odiseo llegó al país de los feacios, donde fue amablemente recibido y le dieron embarcaciones para que pudiese, ahora sí, llegar a Ítaca.

  • Oh, cielos. Qué viaje tan movido. Pero… esta historia la he visto yo en alguna parte…

Pues sí, es una historia muy famosa, que ha dado lugar a numerosísimas interpretaciones: desde el Ulises de James Joyce, a capítulos de Los Simpsons, a cómics, a poemas como Ítaca de Kavafis a esta canción de Javier Krahe (Como Ulises) con la que nos despedimos… ¡por ahora!

https://www.youtube.com/watch?v=z9UF1iOSMag

ESTATE ATENTO A LAS SIGUIENTES ENTRADAS RELACIONADAS: “ESE LARGUÍSIMO VIAJE (II): Y MIENTRAS TANTO EN ÍTACA” Y “ESE LARGUÍSIMO VIAJE (III): EA EA EA, ODISEO SE CABREA

SI QUIERES SABER POR DÓNDE FUE ODISEO, MIRA ESTE MAPA TAN CHUPIPIRULI.

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Esa furiosa Dido

Dido de repente enloquece y lanza una GRAN maldición sobre Eneas (¡¡¡deshonra sobre tu vaca!!!)

  • ¡Eh! ¡Pero si Dido y Eneas eran la pareja perfecta! ¿Qué ha pasado?

Pues resulta que Dido, después que su marido Siqueo muriese, decidió no volver a enamorarse y rechazó a numerosos hombres, hasta que un día llegó un mozo guapo. Ese guapete hombre era Eneas, que llegó con su hijo, Ascanio. Aunque el hombre ya tuviera un hijo fruto de otro matrimonio, a Dido no le importó y decidió que se iba a casar con él.

  • Peeero ¿Eneas también se enamoró instantaneamente de Dido? ¿Eran los dos tan guapos como personajes de telenovela?

Para que ambos se enamorasen intervinieron los dioses. Cupido (el angelito pequeñín, dios del amor), disfrazado del Ascanio insufló el amor en Dido durante un banquete. Con el paso de los días, las diosas Venus (diosa del amor, madre de Cupido y de Eneas) y Juno (diosa del matrimonio, esposa de Júpiter y celosa por antonomasia) durante una cacería hacen que aparezca una enorme tormenta de granizo, y obligan a que Dido y Eneas se refugien en una cueva (en aquella época se hacían muchas cosas en las cuevas…guiño, guiño, codazo, codazo) y confirman el himeneo (qué bonita palabra para referirse a lo que ocurre en las cuevas 😉 )

  • ¡Pero si hasta los dioses querían que estuviesen juntos! ¿Qué pasó al final?

[SPOILER ALERT] Júpiter pasó. El dios de los dioses, que normalmente está por ahí metamorfoseándose buscando líos (amorosos) con humanos y animales y viceversa, hay veces que tiene ideas entre ceja y ceja y se tienen que cumplir sí o sí. Que Eneas llegara a Italia era una de esas ideas. FUNDAMENTAL, IMPORTANTÍSIMO (que si no, no se funda Roma y a ver con quién lucha entonces Asterix).

  • ¿Y Dido aceptó la voluntad de Júpiter?

Pues ¡NO! Ella quería que se quedara y lo convenció de que ya si eso se fuera cuando llegara el buen tiempo (era invierno y con el frío no es bueno para los huesos navegar, que los zombis ya tienen una edad). Pero la pasión ya no había quien la reanimase, ni zombis que valgan. Así que Eneas terminó yéndose.

  • Seguro que Dido lo aceptó regular na’ más.

Regular es poco. Eneas aprovecha que Dido está dormida y decide irse navegando. Dido se entera cuando se despierta y ve los barcos por la ventana. Consumida por la pena y los siete males y la venganza, decide suicidarse y lanzar esa maldición que decíamos al principio. Este suceso desembocará (como los ríos) en las Guerras Púnicas (Cartago VS Roma).

  • Mehercle! ¡Quiero saber cuál fue esa maldición! No le tengo miedo a las maldiciones zombis.

Si es preciso que arribe a puerto este ser infando y navegue hasta tierra, y así lo exigen los hados de Jove y está determinado este final, que al menos perseguido por la guerra y las armas de un pueblo audaz, expulsado de sus territorios, arrancado del abrazo de Julo implore auxilio y contemple las muertes indignas de los suyos, y que, cuando se haya colocado bajo una ley inicua, ni disfrute del reino ni de la luz ansiada, sino que caiga antes de tiempo y quede insepulto en la arena.

[…]Y que surja algún vengador de mis huesos que persiga a hierro y fuego a los colonos dardanios ahora o más tarde, cuando se presenten las fuerzas. Costas enfrentadas a sus costas, olas contra sus aguas imploro, armas contra sus armas: peleen ellos mismos y sus nietos.

Traducción de Rafael Fontán Barreiro en Alianza Editorial. Madrid, 1986.

Qué bien hablaba esta Dido. Aunque muriese, vivirá para siempre como una zombi enamorada.

ACTIVIDAD PARA LOS QUE LE HAN PERDIDO EL MIEDO A LOS ZOMBIS ENEIDILES.

 

Esa enferma Safo

De repente, Safo se contagió de un virus terrible con unos síntomas que hacían predecir un cuadro clínico reservado.

Resulta que comenzó a tener taquicardias, se quedó totalmente afónica y le dolía al intentar hablar, tenía una fiebre más que alta, se le nublaba la vista, le zumbaban los oídos, de pronto le daban escalofríos y temblaba. Además, estaba pálida, casi amarillenta.

  • ¿Qué terrible enfermedad tenía Safo?

El amor. Esa horrible enfermedad a la que se conocen muchas curas y casi ninguna sirve. Resulta que, como tantas personas a lo largo de la historia, se enamoró por encima de sus posibilidades: la persona amada es vista como un ser tan absolutamente perfecto que, con tan solo encontrarte cerca de él/ella todos tus defectos parecen acrecentarse. Y de repente eres la persona más temblorosa y tonta del planeta.

  • ¿Fue por esta enfermedad por la que se convirtió en zombi Safo?

En gran medida sí, la expresión del amor de Safo ha dado pie a que muchos autores la lean y la reinterpreten constantemente. Así que gracias a esta enfermedad que Safo decidió plasmar con palabras, nunca ha muerto y se puede considerar como una perpetua zombi.

 

Me parece semejante a los dioses

el hombre que se sienta frente a ti

y, cerquita, te escucha

mientras hablas con palabras tiernas

y ríes dulcemente. ¡Cómo hiela

mi corazón dentro del pecho!

Si un momento te miro

no me viene la voz,

se me quiebra la lengua y enseguida

corre bajo mi piel un sutil fuego.

No veo con mis ojos nada y los oídos

no dejan de zumbarme.

El sudor se desliza por mi cuerpo y el temblor

se apodera de mí. Más ocre que la grama

me torno y siento que ya me falta poco

para morir del todo.

Traducción de José Luis Calvo Martínez

“Antología de poesía erótica griega”, Cátedra, 2009 (Madrid)