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Esas verdaderísimas historias

Hoy venimos para invitar a todos los resucitadores de lenguas a que se embarquen en la historia más verdadera jamás contada: viajes a la Luna, mujeres-vides, terribles monstruos que te acogerán en su cómoda tripita… ¡Ven al siglo II d.C. de la mano del verdaderoso y verdadero Luciano de Samósata y sus superverdaderísimas historias!

  • Oh-mi-Zeus, qué interesante pinta esto. Voy a por mis botitas de agua y me embarco con vosotros.

Bienvenido, grumetillo, a la numerosa tripulación de este viaje, somos cincuenta aventureros y por lo pronto nos dirigimos a las Columnas de Hércules, que, COMO TODO EL MUNDO SABE, es donde se acaba el mundo y empiezan todas las aventuras.

  • ¡¡Las columnas de Hércules!! ¡¡Si eso está aquí al ladito!! ¡¡Allá vamos, Gibraltar!!

Y desde el fin del mundo conocido, nos vamos al Oeste, que seguro que hay cosas muy chulis. Hay nubecillas, supongo que es el conocido clima británico… Oh, no, GLUGLUGLU tormentazo GLUGLUGLU GLUGLUGLU CHOF CHOF CHOF… Nube de tormenta

  • ¡¡CHOF CHOF!! Buf, qué repentina tormenta… ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Setenta días de lluvia y tormenta… Menos mal que acabamos de tocar tierra y estamos todos sanos y salvos. Deberíamos explorar esta desconocida zona… ¿Qué es eso que avistamos? ¿Un río de vino? ¡¡YUJU!! ¡Hay peces de vino y peces de agua! Eso hace que el río sea de vinito mezclado, no hay nada más rico para un griego y repugnante para todos los demás.

Deberíamos seguir el curso del río porque parece que hay algo interesante, pero, ¿el qué? ¿Mozas? ¿Árboles?

  • Creo que son mujeres-vides, parecen majas, vamos a charlar y lo que surja. (Creo que se me ha subido un poquito el río).

Las mujeres vidas nos atraen… Pero aquellos que las están besando se ponen borrachos como cubas un poquito piripis. Y esos que han llegado a mayores con las amables vides femeninas se están quedando pegados y se transforman en árboles.

  • Uf, se me ha pasado la piripez del susto, mejor vayámonos de aquí.

Menos mal que la mayoría hemos vuelto al barco, ya sin incidentes ni tormentaPOR AHÍ VIENE UN TIFÓN.

Me cachis. ¿Será posible que sea tranquilo el viajecito? En fin, debemos averiguar dónde estamos… ¿Qué es eso que se ve por allí? ¿La Tierra? Pues sí que ha sido fuerte el tifón, que hemos acabado en la Luna.

  • Hablemos con los extraños lunitienses, o como prefieren ser llamados, selenitas. Aunque son raros: no hay mozas, sólo mozos, y sus partes pudendas son de marfil o madera según su clase social…

Bien, tras una larga charla, los selenitas nos han dicho que los ayudemos en su conquista del Lucero del Alba, que los malvadísimos habitantes del sol (soliteños o heliotas) intentan arrebatarnos. Así que vamos a acompañar a los cabalgabuitres cabalgahormigas, pulgarqueros o aeromosquitos (¿no pueden ir en coche como todo el mundo?) en su lucha.

  • Puf. Pero vaya paliza que nos han dado los heliotas, menos mal que vamos a llegar a acuerdos de paz y nos vamos de aquí, que son todos muy raros. Alienígena

De vuelta, vamos a pasarnos por el Lucero del Alba, después de todo, hemos luchado por él. Y tras la visita hemos llegado a un sitio la mar de bonito y luminoso, no descartamos retirarnos aquí cuando seamos viejetes. La ciudad se llama Licnópolis, la Ciudad de las Lámparas, y están todas las lámparas de la Tierra, son majas y he reconocido a la lamparita de Pixar las de mi casa.

  • Sí, es un sitio muy agradable, pero yo he venido a ver monstruos y vivir aventuras… Y sigo con la resaca de las mujeres-vides, así que tanta luz me molesta.

Está bien, está bien, ya nos vamos. De vuelta a la Tierra gracias a las indicaciones de las lamparitas. Caemos en el océano y todo tranquilitNOS COME UNA BALLENA.

  • ¡Como a Pinocho! ¡Yuju!

El caso es que aquí dentro no se está tan mal… Parece una islita y… ¿aquello es un señor?

Sí, el señor se llama Esquíntaro y tiene un hijo que viven aquí y tienen una huertita súper cuqui, antes había más, pero han ido muriendo. Vaya por Zeus.  Aún así, hay otros habitantes, pero son muy antipáticos: los saladores, una tribu de ojos de anguila y cara de bogavante; los tritoncabritos, mitad hombres mitad peces espada; los manosdecangrejo y cabezatunes; los coladuras y los aletasdebarbada, a los que el bueno de Esquíntaro le tiene que pagar un tributo, quinientas ostras al año, ni más ni menos.

Bueno, vamos a salir de aquí, que huele a cerrado y a pescado y es lo más mareante. Enfermo Pero tuvimos que esperar nueve meses, hasta que nos dio por incendiar un bosquecillo que había por ahí y nos salimos.

  • ¡Como Pinocho! Bueno, ahora vamos a viajar por islitas, de tranquileo, de crucero, disfrutándolo.

Pensé que querías aventuras Molesto. Pero bueno, vendrá bien descansar. Así que pasamos por algunas islas, una parece como un queso y tiene muchas vides y cositas ricas y el agua era en realidad leche y todo era chupipiruleta… y hemos terminado ¿en la Isla de los Bienaventurados? ¡¡Aquí es donde vienen los muertos ilustres, que yo lo sé, que he estudiado!! Oh, qué chuli, podré conocer a gente famosa y pedirle selfies y autógrafos tener interesantes conversaciones. ¡¡Y he venido con los muertos, ahora, por fin, yo también soy un zombi!! Allí todo es bonito y super chachi, un gusto, un descanso, un spa en mitad de nuestras aventuras.

Ahí están los jueces del Inframundo: Minos, Éaco y Radamantis. Haciendo sus cosas, juzgando (a Áyax, a Teseo y Menelao…). ¡Y ahí está Odiseo! ¡Soy súper fan!

Y bueno, después de fangirlear por allí y liarla un poquito, nos echaron y tuvimos que irnos. No nos fuimos, eso sí, sin que nos dijeran qué nos depararía el futuro. Odiseo me ha dado una carta para que se la dé a Calipso, se conoce que tenían asuntos sin resolver desde aquel larguísimo viaje.

  • YO NO QUIERO IRME, AQUÍ SE ESTÁ BIEN, DE RELAX Y COLEGUEO CON LOS FAMOSOS… Llorón ¿A dónde iremos ahora?

Pues hemos llegado a una isla que es más bien un pedruño asqueroso más feo que pegarle a un padre con un calcetín sudao. Allí estaban castigando a famosos reyes y a aquellos que habían escrito mentiras, como el  historiador Heródoto

  • Qué sitio tan desagradable, ¡¡vámonos de aquí!!

Mejor será. Ahora hemos llegado a las Isla de los Sueños, un sitio raro, así como los sueños, donde parece que es pero no, pero sabes que sí y corres y no puedes y se te caen los dientes y estás desnudo… Hay cosas raras y después de un mes… NOS DESPERTAMOS.

  • Bueno, pues vámonos con Calipso, que tenemos el recado de Odiseo.

Eso es. Al fin llegamos a Ogigia y le damos la carta que ya habíamos leído porque somos muy cotillas  no teníamos ni idea de qué iba. Resulta que Odiseo le decía que no debió abandonarla nunca… Ohhhh… Amooor infieeeel… Ruborizado

Y despues de un banquete y dormir la mona, pues ya nos fuimos, con el deber cumplido.

  • Qué maja esta Calipso. Bueno, creo que ya deberíamos irnos yendo, que me he cansado.

Pues… ahí llega otra tempestad. GLU GLU dos días de GLU GLU. Menos mal que ya ha amainado… ¿Qué recórcholis estamos viendo? ¡¡Calabazapiratas (dícese de piratas que van en calabazas grandotas)!! ¡¡Y nos atacan con pipas de calabaza!! ¡¡Y se pelean con los nueznautas (dícese de navegantes que van en nueces grandotas)!! ¡¡Y a la lucha se une gente que cabalga en delfines!! Vaya, un lío.

Afortunadamente, cuando llegó la noche todo se calmó.

  • ¿Todo calmado? No te creo, seguro que nos pasa algo más.

Efectivamente, hemos llegado al nido de un alción (dícese de un pájaro grandote), donde había quinientos huevos grandotes, uno de los cuales rompimos, porque somos así de borricos, y sacamos un polluelo alción del tamaño de veinte buitres (es decir, grandote).

  • …Qué asquito. Vámonos, no vaya a ser que venga la mamá alciona y nos reviente.

Pues sí, vámonos. Pero en mitad del camino, de repente el mascarón de popa, que tenía en forma de cisne, se convirtió en un cisne de verdad, y el piloto (que era calvo como un emoticono) volvió a tener pelaso (y le ofrecieron protagonizar un anuncio de champú), y el mástil se convirtió en un árbol que daba higos y uvas. Nosotros, por supuesto, nos pegamos un susto del demonio nos maravillamos ante el prodigio.

Avanzamos un poquito y vimos que el mar era un bosque. Así que nos pusimos a navegar por las copas de los árboles, porque los troncos eran impracticables. Por fin llegamos al agua, haciendo que la travesía fuese mucho más agradable.

  • ¡Quiero tocar tierra! ¡Ya estoy cansado del mar!

Pues no haber venido, so quejica. De todos modos, llegamos a una isla, la isla de los bucéfalos, señores con la cabeza de buey y el cuerpo de persona, que nos atacaron y a los que matamos, porque somos así de fieros y ya estamos cansados. Cogimos prisioneros bucéfalos y los embajadores bucéfalos vinieron a pedir rescate y así conseguimos provisiones.

  • Jé. Qué bien, porque tenía hambre.

Todos la teníamos. El caso es que llegamos a una isla, después de encontrarnos por el camino a unos señores que eran a la vez navegantes y embarcaciones (no diré qué hacía las funciones de mástil, pero es eso que todos estáis pensando). En la isla había unas mozas muy majas que nos acogieron a todos, pero a mí me dio que sospechar que hubiese muertos por el suelo, así que capturé a mi anfitriona y me di cuenta de que tenía piernas de burra. Ella me contó que seducían a los visitantes y después se los comían, así que me vi en la obligación de avisar a mis compañeros, que vinieron de inmediato. Les enseñé a la perniburra que tenía atada y entonces ella se convirtió en agua, yo le clavé la espada y resulta que se transformó en sangre.

  • Confundido Qué raro todo, vámonos de aquí mejor.

Y sí, nos fuimos, pero nos pilló otra tempestad y acabamos en las antípodas.

  • Qué viaje tan movido. Pero no me arrepiento de haber venido ¡¡lo digo de verdad verdaderosa, como los relatos!!

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